Todo esto es importante. Pero hay otra realidad que, aunque menos mediática, puede resultar igualmente decisiva para el futuro de la economía portuguesa: la inversión privada en startups tecnológicas.

Precisamente por eso sigo con interés iniciativas como Angels Way. Más que un fondo de inversión, representa una nueva forma de apoyar a las empresas portuguesas con ambición internacional, reuniendo a cientos de inversores privados que no se limitan a aportar capital. Participan en el análisis de los proyectos, supervisan su evolución y aportan experiencia, contactos y conocimientos.

La última inversión en Coalex AI es un buen ejemplo de esta estrategia. Esta startup portuguesa ha desarrollado una plataforma que funciona como una capa de confianza para los sistemas de inteligencia artificial, lo que le permite supervisar las decisiones, reducir los riesgos y garantizar el cumplimiento de normativas como la Ley Europea de IA y la DORA. Estamos hablando de uno de los mayores retos en la adopción de la inteligencia artificial en las empresas: crear mecanismos que permitan confiar en las decisiones tomadas por agentes autónomos, especialmente en sectores altamente regulados como la banca, los seguros, la sanidad o la industria farmacéutica.

En mi opinión, este tipo de inversión merece atención porque acompaña a una transformación mucho mayor. La economía portuguesa está empezando por fin a generar empresas que no han nacido para atender únicamente al mercado nacional. Nacen desde el primer día con una visión internacional, desarrollando soluciones a problemas globales. Esta es quizás una de las mayores señales de madurez de nuestro ecosistema tecnológico.

También es relevante que los fundadores de Coalex aporten la experiencia adquirida en empresas portuguesas como Talkdesk y Feedzai, así como en la Comisión Europea. Esto demuestra que Portugal ya no se limita a exportar talento. También está empezando a reutilizar este conocimiento para crear nuevas empresas capaces de competir en los mercados internacionales.

En los últimos años, he escrito que Portugal está construyendo una nueva economía basada en la tecnología, la inteligencia artificial, la energía, los datos y la innovación. Pero esta economía no crece solo porque haya buenos emprendedores. Crece porque hay inversores dispuestos a asumir riesgos, a apoyar proyectos en una fase temprana y a creer que es posible crear empresas globales desde Portugal.

Angels Way es un ejemplo de este cambio. Más allá de financiar startups, ayuda a construir un ecosistema en el que el capital, el talento y el conocimiento trabajan juntos. Y esta puede ser una de las diferencias más importantes entre tener buenas ideas y ser capaz de transformarlas en empresas capaces de competir a nivel mundial.

Porque, al fin y al cabo, el futuro de la economía portuguesa dependerá tanto de la calidad de los emprendedores como de la capacidad de encontrar a quienes crean en ellos cuando aún no son más que una idea.