Estos son sectores clave para la región y seguirán siéndolo durante muchos años. Pero hay un Algarve mucho menos conocido que poco a poco está empezando a ganar terreno y que, en mi opinión, podría convertirse en uno de los mayores motores económicos de la región en la próxima década. Me refiero al talento.
En los últimos años he conocido varios proyectos tecnológicos nacidos en el Algarve, muchos de ellos vinculados a la Universidad del Algarve y al ecosistema de innovación creado en torno al CRIA. Lo que solía faltar no era el conocimiento ni la capacidad técnica, sino alguien dispuesto a creer en estas ideas cuando aún daban sus primeros pasos. Es precisamente aquí donde iniciativas como Sotavento Invest merecen ser destacadas.
Conozco el trabajo de Mark Haaksman y Wouter Heijnen desde hace tiempo y lo que más me impresiona no es solo la inversión financiera que están realizando, sino la visión que hay detrás de este proyecto. Ambos eligieron el Algarve para vivir hace varios años y decidieron que la mejor manera de devolverle algo a la región que les acogió sería ayudar a crear empresas capaces de crecer desde aquí hacia el mundo. Esta diferencia es enorme.
No se trata simplemente de inversores. Se trata de emprendedores experimentados que ponen sus conocimientos, su red de contactos y su experiencia internacional al servicio de los fundadores. El capital es importante, pero a menudo el verdadero valor reside en la capacidad de guiar a una startup a través de los momentos más difíciles de su evolución.
Las primeras inversionesde Sotavento Invest reflejan precisamente esta visión. Grand Carob ha transformado un producto tradicional del Algarve en una marca innovadora de alimentación saludable con potencial internacional. expressTEC está desarrollando soluciones de inteligencia artificial y diagnóstico molecular capaces de revolucionar la medicina personalizada. Son ámbitos completamente diferentes, pero con algo en común: nacieron en el Algarve y demuestran que la innovación no tiene por qué darse únicamente en Lisboa o Oporto.
También me parece especialmente interesante la conexión creada con la Universidad del Algarve a través del CRIA. Llevamos años hablando de la necesidad de acercar las universidades a las empresas. Aquí vemos cómo este modelo funciona en la práctica. La universidad genera conocimiento, los emprendedores desarrollan ideas y los inversores privados ayudan a transformarlas en empresas con capacidad para competir en el mercado.
En mi opinión, este es exactamente el tipo de inversión que Portugal necesita potenciar. No solo porque financia a las startups, sino porque crea un verdadero ecosistema en el que el talento, la experiencia y el capital trabajan juntos.
Durante demasiado tiempo, el Algarve se ha considerado únicamente un destino turístico.
Quizá haya llegado el momento de que empecemos a verlo como un territorio donde nacen empresas innovadoras, tecnología y conocimiento.
Y cuando personas como Mark Haaksman, Wouter Heijnen y todo el equipo de Sotavento Invest deciden invertir en el talento local en lugar de limitarse a buscar oportunidades más fáciles, también están invirtiendo en el futuro de la región.
En mi opinión, este puede ser uno de los legados más importantes que los inversores internacionales pueden dejar a Portugal. No solo aportando capital, sino ayudando a crear una nueva generación de empresas del Algarve capaces de competir en el mercado global.









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