La Península Ibérica se ha convertido en uno de los mercados inmobiliarios con mejor rendimiento de Europa, impulsado por una elevada demanda, una oferta de vivienda limitada y un crecimiento económico sólido. Según las cifras del primer trimestre, los precios de la vivienda subieron un 12,9 % interanual en España y un 17,8 % en Portugal, el mayor incremento anual registrado en toda la Unión Europea.
A pesar de la creciente preocupación por la asequibilidad, los reguladores de ambos países están adoptando un enfoque mesurado en lugar de introducir restricciones drásticas a la concesión de créditos.
Portugal endurece la normativa hipotecaria
El Banco de Portugal ya ha introducido una medida de precaución al reducir la ratio máxima entre el servicio de la deuda y los ingresos para los nuevos solicitantes de hipotecas del 50 % al 45 %. El cambio tiene por objeto garantizar que los compradores puedan hacer frente cómodamente a los pagos en caso de que cambien las condiciones económicas.
Las autoridades consideran que este ajuste específico es suficiente por el momento, ya que los criterios de concesión de préstamos actuales siguen siendo significativamente más estrictos que los vigentes antes de la crisis financiera mundial.
España opta por un enfoque prudente
En España, los reguladores también siguen de cerca el mercado, ya que la concesión de hipotecas sigue creciendo. La competencia entre los principales bancos se ha intensificado a medida que aumenta la demanda de préstamos hipotecarios, respaldada por una economía sólida y un crecimiento demográfico continuado gracias a la inmigración.
Aunque el Fondo Monetario Internacional ha sugerido a España que considere la posibilidad de introducir límites en los coeficientes préstamo-valor, el Banco de España ha decidido hasta ahora no aplicar restricciones adicionales, advirtiendo de que unas normas de concesión de préstamos más estrictas podrían dificultar aún más el acceso de los compradores más jóvenes al mercado inmobiliario.
La oferta sigue siendo el mayor reto
Los analistas señalan que el mercado actual difiere de los anteriores auges inmobiliarios, ya que el aumento de los precios se debe principalmente a la escasez de viviendas disponibles y no a un endeudamiento excesivo.
Los hogares con mayores ingresos siguen representando gran parte de la demanda actual, mientras que las estrictas normas de concesión de créditos y el uso generalizado de hipotecas a tipo fijo han reducido los riesgos financieros en comparación con los años previos a 2008.
Sin embargo, la asequibilidad de la vivienda sigue siendo una preocupación creciente en ambos países, ya que la oferta tiene dificultades para seguir el ritmo de la demanda.
No se espera una intervención inmediata
Aunque los reguladores reconocen los indicios de sobrecalentamiento, los economistas consideran poco probable que ni España ni Portugal introduzcan una intervención importante en el mercado en un futuro próximo.
En su lugar, se espera que las autoridades sigan supervisando de cerca la actividad crediticia y los precios de la vivienda, al tiempo que equilibran la necesidad de mantener la estabilidad financiera con la mejora del acceso a la vivienda para los compradores de primera vivienda.








Follow us on social media