Portugal es el país de la Unión Europea en el que las energías renovables tienen mayor peso en el consumo energético destinado a la refrigeración doméstica, alcanzando el 86,6 %, muy por encima de la media europea. Se trata de una posición de liderazgo que confirma algo que vengo defendiendo: la apuesta portuguesa por las energías renovables ya no es solo una promesa, sino que está empezando a suponer una ventaja estratégica real.

Pero hay otro dato que no podemos pasar por alto. En solo seis años, el consumo energético destinado a la refrigeración de los hogares en la Unión Europea casi se ha duplicado. Entre 2018 y 2024, los hogares europeos consumieron casi el doble de energía para mantener sus viviendas frescas durante los periodos más calurosos. Lo que antes podía considerarse simplemente una incomodidad estacional se está convirtiendo rápidamente en un problema energético, económico, urbano y social.

Portugal se encuentra en una posición especialmente interesante. Contamos con una elevada producción de energías renovables, muchas horas de sol y unas condiciones naturales que nos permiten avanzar más rápido en la electrificación del consumo. Sin embargo, seguimos teniendo un enorme parque inmobiliario envejecido, edificios con un aislamiento térmico deficiente y muchas familias que viven en viviendas incapaces de responder adecuadamente tanto al frío del invierno como al calor del verano.

Aquí es donde, en mi opinión, debemos tener cuidado con las celebraciones precipitadas. Liderar el peso de las energías renovables es extraordinariamente positivo, pero consumir energía limpia para refrigerar viviendas ineficientes no puede ser el objetivo final. La energía más sostenible sigue siendo aquella cuyo desperdicio podemos evitar.

El futuro de la vivienda portuguesa tendrá que pasar, inevitablemente, por mejores materiales, aislamiento térmico, arquitectura adaptada al clima, sombreado, ventilación natural, producción energética descentralizada y tecnologías inteligentes de gestión de edificios. No basta con instalar más aparatos de aire acondicionado y aumentar la capacidad de la red eléctrica. Necesitamos viviendas que requieran menos energía para ofrecer confort.

Esta transformación también encierra una enorme oportunidad económica. La rehabilitación energética, los nuevos materiales, la construcción sostenible, el almacenamiento, la energía solar y la gestión inteligente de la energía pueden generar empresas, empleo cualificado e innovación en Portugal.

Los datos muestran que ya vamos por buen camino. Ser líderes europeos en el uso de energías renovables para la refrigeración doméstica es motivo de orgullo. Pero la verdadera ambición debe ser mayor.

Portugal no solo debería aspirar a disponer de la energía más limpia para refrigerar sus hogares. Debería aspirar a construir y renovar viviendas que necesiten cada vez menos energía para mantener el confort.

Eso será verdadero liderazgo.