Esta dificultad también es consecuencia del considerable desconocimiento que tienen las mujeres de los primeros síntomas asociados a esta enfermedad, que se confunden fácilmente con síntomas comunes a otras afecciones. Es sumamente importante que la mujer conozca bien su propio cuerpo, sepa "escucharlo" y responda a los cambios reservando una cita con el médico.

El cáncer de ovario afecta principalmente a las mujeres después de la menopausia, normalmente mayores de 50 años, y es el séptimo tipo de cáncer más frecuente en las mujeres de todo el mundo, con mayor incidencia en Europa y Norteamérica.

Se desconoce la causa exacta de este tipo de tumor. Sin embargo, existen algunos factores de riesgo -edad; obesidad; primera menstruación antes de los 12 años; menopausia tardía (después de los 52 años); no haber estado nunca embarazada o primer embarazo después de los 35 años- que pueden aumentar las probabilidades de que una mujer padezca este tipo de cáncer. Sin embargo, también existen factores de protección conocidos -uso de anticonceptivos orales; ligadura de trompas- que parecen disminuir este riesgo.

En la sociedad actual la sexualidad sigue siendo tabú, incluso en un contexto clínico existen varias barreras que limitan este abordaje. El diagnóstico de cáncer, así como el tratamiento que conlleva, afecta al bienestar psicológico y a la calidad de vida de las mujeres a las que se les presenta este diagnóstico, afectando a toda la familia, especialmente a la pareja. Abordar el tema de la sexualidad en mujeres con cáncer es fundamental para promover su bienestar y calidad de vida. Factores físicos como las alteraciones anatómicas, los cambios fisiológicos (desequilibrio hormonal, incontinencia urinaria o fecal, cambios de peso, fístulas, estomas) y los efectos adversos del tratamiento (náuseas, vómitos, diarrea, fatiga y alopecia) pueden impedir un funcionamiento sexual satisfactorio, incluso cuando se mantiene el deseo sexual. Aunque los efectos fisiológicos tienden a disminuir con el tiempo, el daño a la función sexual puede persistir durante años en los supervivientes. Las disfunciones sexuales femeninas pueden ser: disfunción orgásmica; disfunción del interés/excitación sexual; disminución de la libido; disminución de la lubricación vaginal; dolor o molestias durante el coito.

Todas estas disfunciones son posibles y pueden variar según el diagnóstico y los distintos tratamientos a los que se haya sometido la mujer, ya que pueden estar relacionadas entre sí. En una evaluación, es necesario tener en cuenta que sólo se considera que existe disfunción cuando una alteración es persistente y causa sufrimiento. Es importante que las mujeres estén sensibilizadas para hablar de los problemas que las perturban y que pueden afectar a su vida sexual, y los profesionales de la salud deben estar dispuestos a escucharlas y ayudarlas. El papel de los profesionales en el seguimiento de las mujeres con enfermedades oncológicas debe incluir la evaluación de su sexualidad, con el fin de desmitificar creencias y actitudes, aclarar y proporcionar información específica sobre las respuestas sexuales femeninas, promover la intimidad emocional de la mujer y/o de la pareja y mejorar la comunicación sobre sexualidad.


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