El hidrobiólogo Adriano Bordalo e Sá, profesor del Instituto de Ciencias Biomédicas Abel Salazar(ICBAS), señala que "a pesar de toda esta tragedia, hay un aspecto positivo": la liberación de sedimentos naturales, que actúan como fertilizantes y proporcionan nutrientes esenciales para los ríos, las tierras de cultivo y el mar, estas descargas transportan algo más que agua: también transportan "arena y sedimentos que actúan como fertilizantes naturales". Cuando el agua "inunda los campos agrícolas" y es absorbida posteriormente, deja "una capa muy fina de lodo en la superficie" que mejora la fertilidad del suelo.
Según CNN Portugal, varias presas portuguesas estaban a punto de alcanzar su capacidad máxima, lo que obligó a realizar desembalses controlados. Destacó la presa de Alqueva, que abrió sus compuertas por primera vez desde 2013. En solo dos días, se liberaron unos 500 millones de metros cúbicos de agua, arrastrando arena y sedimentos finos que se habían acumulado a lo largo de los años.
"Los sedimentos son ligeros y muy finos, y se depositan en los campos, sirviendo como fertilizante natural", explica, destacando que, a pesar de los daños en las infraestructuras, los agricultores "pueden gastar menos en fertilizantes este año", sobre todo en zonas como los arrozales del Bajo Mondego y los cultivos de tomate y maíz en Ribatejo.
El impacto se extiende también al mar. Bordalo e Sá señala que "el océano necesita desesperadamente esta agua dulce", oponiéndose a la idea de que se desperdicia. Explica que el agua liberada por las presas "no se pierde en el mar". Al arrastrar sedimentos, el agua "se vuelve marrón" y acaba enriqueciendo el medio marino, suministrando fósforo y nitrógeno al fitoplancton, base de la cadena alimentaria marina. Estas algas microscópicas alimentan a muchas especies, entre ellas las sardinas, lo que significa que "basándonos en estudios de inundaciones anteriores, podemos esperar sardinas gordas y sanas para las próximas fiestas de São João y Santo António".
El profesor también señala que las presas -construidas principalmente para producir energía hidroeléctrica- interrumpen el transporte natural de sedimentos y la migración de especies, contribuyendo a "una pérdida de biodiversidad". Por ejemplo, antes de los años 50, el río Duero transportaba al mar unos 2 millones de metros cúbicos de sedimentos al año, cifra que hoy es de sólo unos 200.000 metros cúbicos. La reposición de estos materiales es crucial para mantener las playas y sostener la productividad biológica del océano, lo que subraya la importancia de estos eventos naturales de liberación de agua.








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