He escrito varias veces que hay sectores en los que Portugal sigue estando infravalorado, a menudo por nosotros mismos. La economía espacial es quizá uno de los ejemplos más claros. Durante demasiado tiempo se consideró un ámbito lejano, científico, casi simbólico. Hoy, las cifras muestran otra realidad. El espacio es una economía en construcción, con un impacto directo en el empleo, la innovación, la industria y la soberanía tecnológica. Y Portugal por fin se está posicionando para jugar esa partida.

El estudio presentado ahora por el Boston Consulting Group, "Portugal in Space - Boosting 40 billion euros in innovation and economic growth", no es un ejercicio académico optimista. Es un mapa económico. Señala que una inversión acumulada de cerca de 4 mil millones de euros en el sector espacial puede generar más de 40 mil millones de euros de impacto en el PIB hasta 2040, crear cerca de 27 mil empleos directos e indirectos, de los cuales 6 mil de alta cualificación, y consolidar una economía espacial anual de 2 mil millones de euros. Esto cambia la escala de la conversación.

Lo más relevante, en mi opinión, no es sólo el volumen de inversión, sino la lógica del apalancamiento. El sector espacial, por naturaleza, necesita un Estado catalizador. No porque el sector privado no sea importante, sino porque los ciclos son largos, el capital intensivo y el riesgo inicial elevado. Portugal empieza ahora a seguir más claramente este camino, reforzando su contribución a la Agencia Espacial Europea, movilizando fondos europeos y creando las condiciones para que el capital privado entre con más confianza.

Aquí entra en juego un factor decisivo que he subrayado en los últimos meses: la infraestructura institucional. Portugal tiene ahora dos hubs de la ESA funcionando en el país, algo que cambia completamente la capacidad de incubación, aceleración e internacionalización de las empresas espaciales. No se trata sólo de apoyo a las startups. Es acceso a cadenas de valor europeas, contratos, certificaciones, conocimiento aplicado y clientes ancla. Es la diferencia entre talento disperso y ecosistema estructurado.

Las cifras actuales muestran el punto de partida. En 2023, el sector espacial portugués representará sólo el 0,03% del PIB. Muy por debajo de su potencial. Pero también muestran la trayectoria. Un crecimiento del 40% en el número de empresas en pocos años, un aumento del 50% en el empleo y una nueva generación de startups y empresas tecnológicas emergentes en áreas como la observación de la Tierra, datos, comunicaciones, defensa, robótica y sistemas críticos. El estudio señala que en 2040 el sector puede representar alrededor del 0,5% del PIB nacional. Se trata de una transformación estructural.

Otro aspecto que merece atención es el efecto transversal. La economía espacial no vive aislada. Arrastra la metalurgia avanzada, la electrónica, la microelectrónica, el software, la inteligencia artificial, los servicios medioambientales, la energía y la defensa. Es innovación que se extiende por la economía real. Es exportación de alto valor añadido. Es la retención del talento cualificado.

El mensaje final es sencillo. El espacio ya no es sólo ciencia. Es industria, es datos, es soberanía y es crecimiento económico. Con dos centros de la ESA en Portugal y una estrategia más clara, el país tiene ahora una oportunidad única de convertir la ambición en escala. Depende de las empresas, los inversores y las instituciones darse cuenta de que no es el momento de observar desde la distancia, sino de entrar en el juego mientras aún se está diseñando.