Con esta presentación, Portugal se une al grupo pionero de cinco Estados miembros de la Unión Europea (UE) en la fase final de desarrollo de este instrumento, considerado vital para revertir la pérdida de biodiversidad y reforzar la lucha contra el cambio climático y la adaptación al mismo.
El plan, resultado de un trabajo técnico desarrollado durante casi dos años, engloba 407 medidas específicas distribuidas por todos los sectores del territorio nacional.
Entre los objetivos más ambiciosos del PNRN figura el compromiso de plantar 3 millones de árboles anuales para finales de la década. Para apoyar este objetivo forestal, se creará una red específica de viveros para la restauración, que integrará estructuras municipales y privadas.
A nivel de ecosistemas terrestres, costeros y de agua dulce, las autoridades han identificado un área de 260 kilómetros cuadrados con necesidades urgentes de intervención (equivalente al 0,3% del territorio continental), con los grupos más críticos localizados en humedales, ríos, lagos, sistemas aluviales y ribereños, así como hábitats costeros y dunares.
En materia forestal, el plan prevé la restauración de 44.000 hectáreas de aquí a 2030, incluida una línea de apoyo al montado (bosque de alcornoques) para luchar contra la desertificación.
El plan también muestra una gran preocupación por la resiliencia de las ciudades frente al calentamiento global. En los ecosistemas urbanos, el objetivo es garantizar que no haya pérdidas netas de espacios verdes y árboles de aquí a 2030, e invertir la tendencia a partir de entonces.
En una primera fase, los municipios de Beja, Évora, Leiria, São João da Madeira y Vila Real avanzarán con proyectos piloto centrados en la creación de parques y corredores verdes, la instalación de tejados y fachadas verdes, la plantación de árboles en calles y plazas y la implantación de redes de refugios climáticos para proteger a la población durante las olas de calor.
Por otro lado, el documento parte de un escenario de profundo desconocimiento científico respecto a los ecosistemas marinos, que suponen casi 33.000 kilómetros cuadrados en un estado indeterminado, lo que requerirá combinar acciones activas de restauración con campañas de cartografía y evaluación.
En el ámbito fluvial, el PNRN incorpora programas en marcha, como PRO-RIOS, que pretende recuperar 1.500 kilómetros de vías fluviales para 2030, incluyendo la eliminación física de barreras obsoletas. La preservación y restauración de las poblaciones de polinizadores, así como la restauración agrícola, también cuentan con conjuntos de medidas específicos.
Citada en un comunicado, la ministra de Medio Ambiente y Energía, Maria da Graça Carvalho, subrayó que el PNRN supera la dimensión de una mera obligación legal derivada de los objetivos europeos: "Es una oportunidad que nos permite repensar la gestión del territorio y situar a Portugal en la vanguardia de una nueva política medioambiental europea".
Desde el punto de vista técnico, el plan se basa en cuatro principios rectores: la rehabilitación de las funciones ecológicas, la actuación territorialmente diferenciada, la combinación de la restauración activa con la gestión adaptativa y la articulación de las políticas públicas y la financiación con los agentes locales.
El documento detalla que la mayor parte de las 407 medidas se dirige a los ecosistemas terrestres, costeros y de agua dulce (152), seguidos del sector agrícola (84), los ríos (83), los polinizadores (28), el medio marino (27), los bosques (25) y el medio urbano (8).
El PNRN entrará ahora en un periodo de consulta pública de un mes, y se espera que la versión final del documento esté terminada a finales de agosto. El plan se considera también un pilar fundamental para configurar la posición del país en el próximo marco financiero plurianual de la Unión Europea (2028-2034).









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