El último Boletín Económico del Banco de Portugal lo pone de manifiesto precisamente. A pesar de una ligera desaceleración de la actividad económica en los próximos años, hay indicios importantes que apuntan a que la economía portuguesa está ahora mejor preparada para afrontar los retos que hace una década.

En un contexto internacional marcado por los conflictos geopolíticos, la volatilidad energética, la inflación persistente y la incertidumbre en los mercados mundiales, se prevé que Portugal siga creciendo. Se prevé un crecimiento del 1,8 % en 2026, una ligera desaceleración hasta el 1,6 % en 2027 y un retorno al 1,8 % en 2028. No son cifras espectaculares, pero tampoco son preocupantes si se analizan a la luz del contexto internacional.

En realidad, el mensaje más relevante del informe no reside en la tasa de crecimiento, sino en la resiliencia de la economía portuguesa.

El propio Banco de Portugal reconoce que el país se enfrenta actualmente a perturbaciones externas en condiciones muy diferentes a las que existían hace unos años. La dependencia energética ha disminuido, la producción de energía renovable ha ganado peso, el endeudamiento se ha reducido y las cuentas públicas gozan de una solidez que durante mucho tiempo pareció difícil de alcanzar.

Quizás el dato más significativo sea la trayectoria de la deuda pública. Tras décadas en las que a menudo se señalaba a Portugal como uno de los países más vulnerables de Europa, se prevé que la deuda se reduzca hasta situarse en torno al 79,5 % del PIB en 2028, por debajo de la media de la zona del euro. Se trata de un hito que va mucho más allá de las estadísticas. Representa una mayor credibilidad internacional, una mayor capacidad para responder a futuras crisis y una posición financiera más sólida frente a los inversores y los mercados.

Al mismo tiempo, el mercado laboral sigue mostrando signos de fortaleza. El desempleo se mantiene bajo y el consumo interno sigue respaldando la actividad económica. Incluso en un entorno internacional menos favorable, la economía portuguesa mantiene una base de demanda relativamente sólida.

Hay otro mensaje que merece atención. Durante muchos años, el crecimiento económico portugués dependió en exceso de factores externos o cíclicos. Hoy en día, empieza a surgir un debate más relevante en torno a la productividad. El Banco de Portugal prevé que las ganancias de productividad podrían desempeñar un papel cada vez más importante en la economía durante los próximos años, compensando en parte los retos demográficos a los que se enfrenta el país.

Por supuesto, existen riesgos. El conflicto en Oriente Medio, los precios de la energía y la evolución de la economía mundial siguen siendo factores de incertidumbre. Pero la diferencia es que Portugal parece ahora más preparado para absorber estos impactos.

En un mundo cada vez más inestable, quizá la verdadera medida de la fortaleza económica no sea crecer rápidamente en épocas de bonanza. Quizá sea seguir creciendo, crear empleo y reducir las vulnerabilidades cuando el contexto externo se vuelve más difícil.

Y ese es precisamente el mensaje que muchos quizá no encuentren en los titulares.

Portugal crece menos. Pero es más fuerte.