El primer ministro Keir Starmer llegó al poder en 2024 con la promesa de mejorar las relaciones con la UE y reducir las barreras comerciales, al tiempo que mantenía el compromiso del Partido Laborista de no volver a formar parte de la Unión Europea, el mercado único, la unión aduanera ni la libre circulación.

Este enfoque refleja el equilibrio que ha caracterizado a la política británica desde que entró en vigor el Brexit. Mientras que las empresas siguen reclamando menos barreras comerciales y una cooperación más fluida con Europa, los líderes políticos se muestran cautelosos a la hora de reabrir el debate más amplio sobre la pertenencia a la UE.

El Gobierno se ha centrado en ámbitos prácticos de cooperación, entre los que se incluyen los esfuerzos por simplificar el comercio de productos alimenticios y agrícolas. Continúan las negociaciones sobre un acuerdo sanitario y fitosanitario que podría reducir los controles fronterizos y facilitar la circulación de mercancías entre el Reino Unido y la UE.

Los analistas señalan que los avances han sido más lentos de lo que muchos esperaban. Algunos sostienen que los límites autoimpuestos por el Gobierno dejan poco margen para cambios importantes en la relación actual, lo que dificulta lograr una reforma significativa en el plazo de una sola legislatura.

Las dudas sobre el impacto económico del Brexit también siguen marcando el debate. Informes recientes de la BBC, que citan datos del Banco de Inglaterra, sugieren que la economía del Reino Unido podría ser aproximadamente un 6 % más pequeña de lo que habría sido sin los efectos relacionados con el Brexit.

Opinión pública

La opinión pública también ha evolucionado a lo largo de la última década. Una encuesta reciente de YouGov reveló que el 57 % de los encuestados cree ahora que salir de la Unión Europea fue una decisión equivocada, incluido un número significativo de votantes que en un principio apoyaron el Brexit.

Otras encuestas han indicado un creciente apoyo a una cooperación más estrecha con Europa, aunque las opiniones sobre la reincorporación siguen siendo más complejas. Muchos votantes que están a favor de unos lazos más fuertes siguen apoyando que se mantenga un mayor control nacional sobre ámbitos como la legislación, las fronteras y la política económica.

Los observadores políticos sugieren que, incluso si los futuros gobiernos buscaran un reinicio más ambicioso de las relaciones con Europa, cualquier paso hacia la reincorporación a la UE probablemente requeriría años de negociaciones y un apoyo político significativo.

Por ahora, el Reino Unido parece centrado en mejorar la cooperación práctica con su principal socio comercial sin dejar de permanecer fuera de la Unión Europea, una posición que sigue definiendo el panorama político y económico del país diez años después del histórico referéndum.