Marco Troncone, director general de Aeroporti di Roma, empresa que gestiona los aeropuertos de Fiumicino y Ciampino, ha afirmado que es imprescindible suspender temporalmente determinados controles biométricos para evitar graves atascos durante la temporada alta de verano.

Calificó el nivel de riesgo actual como «ocho o nueve» en una escala del uno al diez, argumentando que el nuevo proceso de registro para los pasajeros de fuera de la UE es incompatible con los flujos de tráfico previstos; por consiguiente, la única solución es «abrir el grifo», ya que es imposible completar todos los registros requeridos.

El EES entró en vigor a mediados de abril tras repetidos retrasos y exige a los ciudadanos de países no pertenecientes a la UE que faciliten sus huellas dactilares y fotografías en su primera entrada en el Espacio Schengen, con el objetivo de reforzar la seguridad de las fronteras exteriores del bloque.

Sin embargo, desde su puesta en marcha, la plataforma ha adolecido de fallos técnicos crónicos, lo que ha provocado largas colas en los aeropuertos incluso antes de la temporada alta.

Entre los principales problemas citados por los operadores figuran los fallos en los quioscos de autoservicio y los errores que obligan a los pasajeros que ya se han registrado a repetir todo el proceso. Olivier Jankovec, director general de la asociación de aeropuertos ACI Europe, criticó directamente estos problemas de automatización, haciendo hincapié en que los sistemas automatizados no están funcionando según lo previsto.

El temor a un colapso operativo se extiende por toda Europa. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) ha advertido de que los tiempos de espera podrían alcanzar las seis horas en los aeropuertos más afectados.

En respuesta a este escenario de crisis, algunos operadores ya han comenzado a aplicar criterios de excepción por iniciativa propia: a principios de este mes, los aeropuertos de Grecia permitieron a los ciudadanos británicos eludir los procedimientos del EES para aliviar la congestión en las terminales.

Estas preocupaciones también están afectando a importantes centros de conexión fuera de la Unión Europea, como Londres y Estambul, donde los responsables temen un efecto dominó global de retrasos en los vuelos. Selahattin Bilgen, director general del aeropuerto de Estambul, confirmó el impacto negativo y señaló que muchos pasajeros turcos se están encontrando con importantes obstáculos durante sus primeras interacciones con el sistema europeo.

Por el contrario, la Comisión Europea rechaza la hipótesis de un colapso y sostiene que el sistema está plenamente operativo en todos los países del espacio Schengen.

Un portavoz de la Comisión argumentó que los tiempos de espera observados se deben a problemas estructurales preexistentes, como la falta de personal en las aduanas, las limitaciones de la infraestructura física y la concentración excesiva de vuelos en las mismas franjas horarias.

No obstante, Bruselas señaló que el marco normativo actual ya ofrece a los Estados miembros mecanismos de flexibilidad jurídica, lo que les permite suspender temporalmente la recogida de datos biométricos siempre que el flujo fluido del tráfico fronterizo se vea amenazado, atribuyendo así la responsabilidad de la toma de decisiones a las autoridades nacionales.