Escribo como portugués, como profesional que sigue de cerca la transformación económica y tecnológica del país, y como alguien profundamente convencido de que promover Portugal es un deber cívico de todos nosotros. Siempre que el país da los pasos correctos, tenemos la responsabilidad de reconocerlos, explicarlos y animar a todos a seguir ese camino.

Y esto es exactamente lo que siento cuando analizo detenidamente el nuevo Plan de Acción 2026-2027 de la Estrategia Digital Nacional.

Después de todo lo que he venido escribiendo en los últimos años sobre tecnología, innovación, inversión y competitividad, este plan no viene como una sorpresa. Es una confirmación: Portugal ha dejado definitivamente de discutir si quiere ser digital. Ahora se está estructurando para liderar.

La inversión prevista, en torno a mil millones de euros, sumando la Estrategia Digital Nacional, la Agenda Nacional de Inteligencia Artificial y el Pacto por las Competencias Digitales, no es una simple partida en un presupuesto. Es una decisión estratégica. Una apuesta clara por el futuro económico del país, la productividad, la creación de valor y la capacidad de atraer inversión y talento internacional.

La visión es simple y poderosa: un Portugal más próspero, innovador e inclusivo, que utiliza las tecnologías digitales para mejorar la vida de las personas, reforzar la competitividad de las empresas y fortalecer la soberanía del Estado. Y esta visión se basa en cuatro pilares fundamentales: las personas, las empresas, el Estado y las infraestructuras.

Las metas para 2030 son objetivas: 80 por ciento de la población con competencias digitales básicas, 90 por ciento de las pymes con una intensidad digital mínima, 75 por ciento de las empresas utilizando la nube y la inteligencia artificial, cobertura total del territorio con 5G y todos los servicios públicos disponibles en formato digital. No es discurso. Es transformación estructural.

En la Administración Pública, el cambio es profundo. El Estado se asume ahora como un verdadero arquitecto digital: migración a la nube, refuerzo de la ciberseguridad, creación de una agencia dedicada a la reforma tecnológica y una legislación preparada para el mundo digital. Se crea así un entorno más eficiente, seguro y mucho más atractivo para ciudadanos e inversores.

En la economía, la señal es igualmente clara. Portugal invierte en centros de datos, nube soberana, 5G, transformación digital de las pymes, apoyo al emprendimiento y tecnologías emergentes. Al mismo tiempo, construye un entorno normativo sencillo y favorable a la innovación, en línea con la velocidad del mundo tecnológico.

Nada de esto funciona sin las personas. Por ello, el Pacto por las Competencias Digitales y programas como Girls in STEM son absolutamente fundamentales. Sin talento, no hay transición. Sin formación, no hay competitividad.

Y por último, la inteligencia artificial deja de ser una promesa y se convierte en una política pública estructurada, transversal a la educación, la economía y el propio Estado.

Si este plan se ejecuta con la ambición que revela el documento, Portugal no sólo estará siguiendo a la Europa digital. Estará ayudando a diseñar su futuro.

Y es exactamente por eso por lo que escribo. No para la política. Sino para Portugal.