Los datos de la encuesta de acceso a la sanidad de la Nova School of Business and Economics indican que, en 2025, el 45,5% de los encuestados declararon al menos un episodio de enfermedad, 3,2 puntos porcentuales más que en 2023 y cerca del máximo registrado en 2015 (46,3%).
Elaborado por los investigadores Pedro Pita Barros y Carolina Santos, el estudio, que ha encuestado a 11.122 personas desde 2013, informa de que la proporción de personas que declaran sentirse enfermas ha ido en aumento desde los años más intensos de la pandemia COVID-19 (2020 y 2021).
"Más personas declararon haber experimentado al menos un episodio de enfermedad, y hubo un empeoramiento en el grupo de edad más joven, que definimos entre 15 y 29 años, pero con los datos de la encuesta no pudimos identificar las causas de este aumento", explica a Lusa la investigadora Carolina Santos.
Junto a este aumento, según los datos recogidos, se redujo entre 2019 y 2025 la probabilidad de que la población tenga asignado un médico de familia (del 91% al 79%), así como el número de primeras consultas realizadas en un plazo adecuado, lo que muestra altas barreras de acceso a la atención sanitaria.
"Como muchas de las poblaciones más desfavorecidas suelen vivir en regiones con mayor escasez de médicos de familia, según nuestro análisis, acaban siendo penalizadas también en este aspecto", explicó.
Los datos también muestran que los más desfavorecidos, además de experimentar episodios de enfermedad con mayor frecuencia, también se enfrentan a mayores barreras financieras y no financieras para acceder a la asistencia sanitaria, que el sistema no es capaz de contrarrestar.
"La ocurrencia más frecuente de enfermedades entre las clases más desfavorecidas ya muestra una dimensión de desigualdad, y el SNS y el sistema sanitario en su conjunto no están consiguiendo, en esencia, contrarrestar esta desigualdad en la ocurrencia de enfermedades", afirmó Carolina Santos.
Aunque reconocen que entretanto se han tomado algunas medidas -como el proyecto "Llama primero, salva vidas", en el que llamar al teléfono de ayuda del SNS24 evita desplazamientos a urgencias, o incluso el fin de la mayoría de las tarifas para usuarios-, los investigadores subrayan que el precio de los medicamentos sigue siendo una barrera económica para el acceso.
"Esto ha empeorado", reconoce la investigadora, señalando que "mientras que en 2023 la probabilidad de que una persona del estrato económico más desfavorecido no comprara toda la medicación necesaria era del 41%, en 2025 esta cifra aumentó hasta el 52%."
Dado que el gasto en medicamentos sigue representando la mayor parte del gasto asociado a la asistencia sanitaria (atención primaria o urgencias), "existe una barrera de acceso para la población más vulnerable", añadió.
A este nivel, sugieren evaluar la viabilidad de ampliar los regímenes especiales de copago a las personas en situación de vulnerabilidad económica que, a diferencia de los ancianos beneficiarios del Complemento de Solidaridad para la Tercera Edad, no pueden acogerse al copago del 100% de los medicamentos recetados.
Al mismo tiempo, la proporción de personas que, a pesar de estar enfermas, no acudieron a los servicios sanitarios aumentó del 11,26% (2023) al 14,26% (2025).
Según los datos, la razón principal para no buscar asistencia sanitaria fue la creencia de que el caso no era grave; sin embargo, un porcentaje significativo de encuestados declaró que no quería esperar para ser atendido.
En 2025, volvió a aumentar el porcentaje de personas que optaron por no pedir ayuda al sistema sanitario y decidieron automedicarse. Aun así, la proporción (76,4%) se mantuvo por debajo del máximo prepandémico (77,1% en 2019).






