Durante décadas, el mercado sudamericano estuvo presente en el discurso pero distante en la ejecución. Los aranceles, las barreras normativas, la inseguridad jurídica y la falta de previsibilidad hacían que la expansión fuera compleja, lenta y arriesgada. Ese ciclo se está cerrando ahora.

El nuevo acuerdo cambia profundamente este juego. Para las empresas portuguesas, Mercosur ha dejado de ser sólo un "mercado interesante" y se ha convertido en una verdadera extensión natural de su estrategia de crecimiento.

Estamos hablando de un espacio económico con más de 260 millones de habitantes, una clase media en crecimiento, una fuerte necesidad de inversión en infraestructuras, energía, movilidad, tecnología, sanidad, vivienda y servicios especializados. Un mercado con un enorme apetito por soluciones europeas, especialmente en áreas en las que Portugal ha acumulado un sólido know-how en las últimas décadas.

Sectores como las energías renovables, las redes eléctricas, el hidrógeno, la gestión del agua, la construcción, la ingeniería, las tecnologías de la información, la agroindustria, la logística, la sanidad privada, la educación y el turismo encuentran hoy terreno abonado para su expansión.

Y Portugal parte con claras ventajas, porque cuenta con empresas medianas muy internacionalizadas, experiencia en mercados complejos, capacidad de adaptación cultural y una creciente reputación de calidad, fiabilidad y ejecución. A diferencia de los grandes grupos multinacionales, muchas empresas portuguesas saben operar eficazmente en entornos difíciles, ajustar sus modelos de negocio y establecer relaciones a largo plazo.

Mercosur valora exactamente eso.

Además, hay un factor cada vez más determinante: la confianza. Las empresas portuguesas no llegan como actores distantes. Llegan con proximidad cultural, histórica y humana, especialmente en Brasil, pero también con una presencia creciente en mercados como Argentina, Uruguay y Paraguay.

El acuerdo elimina ahora el mayor obstáculo estructural: el coste de entrada. Gracias a la eliminación de gran parte de los aranceles y a la armonización de las normas, lo que antes sólo era estratégicamente deseable pasa a ser financieramente viable. Los proyectos que estaban sobre el papel son ahora económicamente sostenibles. Las asociaciones son más fáciles de estructurar. Las cadenas de valor pueden construirse entre ambos lados del Atlántico de forma mucho más eficiente.

Existe también una oportunidad menos visible, pero quizá más poderosa: El posicionamiento de las empresas portuguesas en este mercado.

Las empresas portuguesas que se trasladan pronto a Mercosur no sólo están conquistando el mercado. Se están posicionando como puentes naturales entre Europa y Sudamérica, creando plataformas binacionales de producción, distribución e innovación.

No se trata sólo de exportar. Es construcción de ecosistemas, algo que venimos experimentando mucho en Portugal y en el exterior.

En un mundo cada vez más fragmentado, donde el comercio se organiza por bloques y alianzas estratégicas, el eje UE-Mercosur puede convertirse en una de las áreas económicas más relevantes de la próxima década. Y Portugal reúne todas las condiciones para ser uno de sus principales nudos de conexión.

Las empresas portuguesas que comprendan este cambio estructural y actúen ahora construirán su próxima fase de crecimiento sobre una base mucho más amplia, resistente y global.

El acuerdo no es el final de una negociación. Es el comienzo de una oportunidad histórica.