Alrededor de 200 personas, entre empleados, socios e invitados, asistieron a la actuación del Cuarteto Ricardo Toscano en un edificio que, a pesar de estar inacabado, empieza a revelar su ambición de establecerse como un nuevo centro cultural urbano.

Para Jorge Magalhães Correia, presidente de Fidelidade, la nueva sede representa un hito para una empresa con más de dos siglos de historia. Durante el acto, subrayó que el proyecto va más allá de un simple cambio de instalaciones.

"No es sólo una nueva dirección, sino una forma de afirmarnos e iniciar una nueva etapa, más ambiciosa, más abierta y más contemporánea", afirmó.

Según el Presidente, el edificio debe servir de punto unificador de la organización, reforzando el sentimiento de pertenencia interna, al tiempo que transmite un mensaje de confianza y compromiso a largo plazo. La escala y la apertura del proyecto reflejan, añadió, el deseo de Fidelidade de asumir un papel activo en la vida de la ciudad.

La celebración de actos culturales incluso durante la fase de construcción refleja la filosofía en que se basa el diseño del edificio. Para el Director General de Fidelidade, Rogério Campos Henriques, esta opción simboliza la apertura de la empresa a la comunidad y a la sociedad civil. "Desde el principio, la nueva sede se concibió como un edificio abierto, con una gran plaza central, muchos espacios accesibles y una relación directa con la ciudad", explicó.

Incluso antes de que el edificio estuviera plenamente operativo, Fidelidade quiso darle vida. "Entendimos que tenía sentido empezar a crear vida en el espacio ahora", dijo el Director General, destacando también el impacto que el proyecto podría tener en el desarrollo de esa zona de Lisboa.

La conexión con el entorno urbano fue un requisito desde la fase inicial del proyecto arquitectónico. Miguel Santana, administrador de Fidelidade Property y responsable de la obra, explicó que el concurso de ideas preveía explícitamente la integración con la comunidad. La plaza central conectará el barrio de Rego y la Avenida 5 de Outubro, con el objetivo de llevar la ciudad al interior del edificio.

Esta apertura se extiende también a la organización de los espacios interiores.

La planta baja se diseñó para uso público, incluyendo un auditorio, áreas de exposición y zonas de contacto con los clientes, sin barreras físicas, lo que refuerza la accesibilidad.

La programación cultural surge como una extensión natural de este concepto.

Para Sandro Resende, responsable de iniciativas culturales, la fase de construcción fue una oportunidad para empezar a trabajar en el espacio desde una perspectiva artística y para implicar a la comunidad.

La elección del jazz está vinculada a la naturaleza colectiva del género, que se alinea con la cultura de la empresa. "El jazz es compartir, escuchar y colaborar, y funciona bien en un espacio que pretende ser abierto y estar en constante evolución", declaró. Se espera que la agenda cultural incluya conciertos, exposiciones, teatro e iniciativas educativas para públicos diversos.

Incluso antes de su inauguración oficial, la nueva sede de Fidelidade empieza así a consolidarse como un proyecto que trasciende su función corporativa. Diseñado para integrar a las personas, promover la colaboración y reforzar las conexiones con la ciudad, el edificio aspira a ser tanto un espacio de trabajo como un punto de encuentro para la empresa, la cultura y la comunidad.