Entre más de mil competidores, sólo 150 empresas fueron elegidas. Dos son portuguesas: Neuraspace y Connect Robotics, ambas nacidas y criadas en el ecosistema de Oporto, vinculadas a UPTEC, el parque científico y tecnológico de la Universidad de Oporto. No es casualidad. Es consecuencia de un ecosistema que ha madurado.
El programa se llama DIANA - North Atlantic Defence Innovation Accelerator y no es una aceleradora más. Es una de las principales plataformas mundiales para el desarrollo de tecnología de doble uso, es decir, soluciones que sirven tanto para aplicaciones civiles como institucionales y estratégicas. Las empresas seleccionadas reciben una financiación inicial de 100 mil euros, acceso a más de 180 centros de pruebas de la OTAN, validación en entornos reales y la posibilidad de nueva financiación de hasta 300 mil euros.
Pero el mayor valor no está sólo en el dinero. Está en la integración directa en el circuito de toma de decisiones tecnológicas de la Alianza Atlántica.
Neuraspace trabaja en el área espacial y desarrolla soluciones basadas en inteligencia artificial para hacer satélites más autónomos, capaces de responder a riesgos como ciberataques, colisiones o fallos operativos. El hecho de que esta tecnología se desarrolle ahora en colaboración directa con la OTAN no sólo refuerza la solidez técnica de la empresa, sino que la sitúa en el centro de uno de los mercados más exigentes del mundo: el de las infraestructuras críticas globales.
Connect Robotics, por su parte, opera en el ámbito de la logística autónoma. Su plataforma, independiente de los fabricantes de drones, permite transformar los equipos existentes en sistemas de reparto inteligentes e interoperables. Empezó en el sector civil, con aplicaciones médicas, industriales y de inspección de infraestructuras. Ahora, esta misma base tecnológica se adaptará a escenarios de emergencia y operaciones de alta complejidad, manteniendo siempre el foco en la reducción del riesgo humano.
Estas dos historias demuestran algo más que el éxito de dos empresas. Demuestran que Portugal ya no es sólo un consumidor de tecnología, sino un productor relevante de soluciones de vanguardia.
También demuestran la fuerza del ecosistema universitario y nacional de incubación. UPTEC, las universidades, los fondos europeos, los programas nacionales y una nueva generación de emprendedores altamente cualificados han creado una base que hoy compite al más alto nivel.
Más que eso, confirman una tendencia que vengo observando tanto en Portugal como en el extranjero: los inversores internacionales prestan cada vez más atención a las empresas portuguesas de deep tech, inteligencia artificial, espacio, robótica y sistemas autónomos. No por la mano de obra barata, sino por la calidad, la fiabilidad y la capacidad de ejecución.
La integración de estas startups en DIANA abre las puertas a nuevos mercados, nuevas asociaciones y una clara aceleración de su crecimiento internacional. Y, al mismo tiempo, envía una señal muy fuerte al mundo: Portugal está jugando en las principales ligas de la innovación tecnológica.
Así es como se construye la relevancia económica en el siglo XXI. Con talento, ciencia, tecnología y visión a largo plazo.








