Durante años, el sector ha crecido impulsado por factores externos e internos: bajos tipos de interés, demanda internacional, turismo y una sólida recuperación económica. Hoy, el contexto es diferente. La inestabilidad geopolítica, la evolución de los tipos de interés y la mayor selectividad de los inversores configuran un mercado más exigente.
Pero hay un factor que se mantiene constante: la escasez de oferta. Y esto es precisamente lo que sostiene los precios, incluso en un escenario de menor volumen de ventas. El valor medio por metro cuadrado sigue subiendo, con la vivienda nueva superando, por primera vez, la barrera de los 4.000 euros/m² en varias zonas del país.
Este crecimiento no es uniforme. Se concentra en las principales áreas urbanas y en los segmentos más altos, donde se posiciona la nueva construcción. Y aquí viene uno de los mayores retos del mercado: la desconexión entre el tipo de producto que se está desarrollando y lo que la mayoría de la población se puede permitir.
Estamos construyendo, pero no necesariamente para resolver el problema de la vivienda. La nueva oferta sigue centrada en segmentos premium, mientras que la demanda más relevante está en los segmentos medio y asequible. Esta realidad crea un mercado cada vez más segmentado, donde el acceso se hace más difícil para una parte significativa de la población.
Por otro lado, el interés de los inversores sigue siendo fuerte. El sur de Europa se ha consolidado como una región estratégica y Portugal se beneficia de esta tendencia. Segmentos como la construcción para alquilar, las residencias de estudiantes y la vivienda alternativa están ganando relevancia y atrayendo capital institucional.
Sin embargo, sin una estrategia que permita aumentar la oferta de forma equilibrada y asequible, el mercado seguirá creciendo de forma desigual. Y este crecimiento, aunque positivo en términos de inversión, plantea importantes cuestiones sobre la sostenibilidad social.
El sector inmobiliario en Portugal ya no es sólo un mercado en expansión. Es un mercado en transformación.
Y esta transformación exige respuestas más rápidas, más estructuradas y más ajustadas a la realidad.








