"El año pasado se tiraban diariamente entre siete y ocho cestas llenas de cerezas. Estamos hablando de más de 30 kilos por cesta", explica José Moura a la agencia de noticias Lusa.
Cientos de kilos de cerezas que "se rajaron con la lluvia o tienen alguna magulladura porque se cayeron durante la recolección, o porque son más pequeñas y no tienen el tamaño suficiente para ir al mercado, pero siguen siendo muy sabrosas".
Este productor de cerezas de Resende, que tiene "más de siete hectáreas" de cerezos, pero que también recibe fruta de "muchos productores para vender" al mercado, añadió que "falta organización entre los productores".
"No hay ninguna asociación ni cooperativa. Hay una empresa privada que se dedica a la cereza, pero también a otras frutas, pero no tenemos ninguna organización para rentabilizar la producción de cereza", afirmó.
Una organización que "debería existir, incluso con el posible apoyo del Ayuntamiento de Resende, para la instalación de una fábrica en una parcela de la zona industrial que procesara las cerezas, sin que todo acabara en pérdidas."
"Estamos hablando de otros productos que se podrían hacer con nuestras cerezas, como existe con otras frutas, incluso en otros lugares. Podríamos transformar las cerezas en jugo, en mermelada, en tantas cosas, pero para eso realmente necesitamos organizarnos y tener apoyo para reducir las pérdidas en la producción", argumentó.
Una opinión compartida por otros productores presentes en el puesto de José Moura, que lamentaron a la agencia de noticias Lusa "la falta de organización" en un municipio como Resende, que "tiene en la cereza uno de los productos más fuertes" de la economía local.
La producción de este año "va por buen camino, tanto en calidad como en cantidad, pero para eso hace falta sol, porque si llueve demasiado, esta variedad que se está recogiendo ahora se puede agrietar, y si se agrieta, ya no puede salir al mercado."
"Es una cereza más firme y, por lo tanto, también se agrieta más fácilmente con la lluvia. Este año, gracias al invierno muy frío y al calor de marzo, hemos vuelto a tener la variedad 'burlata', la primera en aparecer, pero es más blanda, lo que también la hace más resistente a las inclemencias del tiempo; la tendencia es que desaparezca del mercado. No prospera desde hace dos o tres años", explica José Moura.
Las otras variedades, añaden, "que se empiezan a cosechar ahora en mayo, todavía necesitan más sol para madurar y volverse más dulces, pero como son más firmes, no les puede llover, porque si no, no se abren".
"Por eso también ayudaría mucho una planta de procesado, porque tendríamos las cosechas salvaguardadas año tras año, independientemente de la cada vez más incierta climatología", concluyen los productores.







