El autor era conocido por su postura crítica ante el sistema en el que se encuentran atrapados los seres humanos, pero también por su estilo de escritura. José Saramago utilizaba una puntuación mínima y creaba frases que eran flujos de conciencia. Este estilo de escritura permitía al lector sumergirse realmente en el libro.
Al ser muy crítico con cuestiones políticas, filosóficas y teológicas, el autor se creó una reputación que le llevó al exilio. Uno de los ejemplos es el libro "El Evangelio según Jesucristo", donde exploraba críticamente las figuras religiosas, y la Iglesia Católica, e incluso personalidades políticas no apreciaban las palabras escritas por José Saramago.
José Saramago fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1998, y su legado sigue presente hoy en día. Su ciudad natal, Azinhaga, es la mejor prueba de ello, ya que está repleta de monumentos conmemorativos.




