"Las decisiones se tomaron basándose en pruebas reales (...) y los estudios demuestran que las vacunas tienen un perfil de seguridad muy bueno y son adecuadas para su uso", declaró Rui Ivo, en una comparecencia ante la comisión parlamentaria de Sanidad.
También en esta audiencia, a petición de Chega (partido político portugués), en relación con la transparencia contractual, la comunicación pública del riesgo, la farmacovigilancia y la posible responsabilidad del Estado en el contexto de la vacunación COVID-19, la ex Directora General de Salud, Graça Freitas, corroboró la posición de Infarmed.
Vacunas autorizadas en el mercado
Graça Freitas recordó que, en el momento de su administración, las vacunas contaban con autorización de comercialización, basada en una evaluación de riesgos y beneficios, y que el proceso de adquisición corrió a cargo de la Comisión Europea.
Ambos funcionarios hicieron hincapié en que la comunicación con el público siempre ha sido transparente, continua y coordinada.
Evaluación correcta
Rui Ivo dijo que la evaluación de las vacunas se hizo de la misma forma que la de otros medicamentos, "con la necesidad de adaptación a las circunstancias".
Como ejemplos de esta adaptación, señaló la mayor periodicidad de los informes de seguridad: "El escrutinio era más frecuente".
En cuanto a la solicitud, citó los cambios introducidos en los grupos de edad para los que se recomendaba la vacuna de Pfizer: "Cuando el riesgo es mayor que el beneficio, las autoridades actúan".
Transparencia informativa
Rui Ivo también garantizó la transparencia en la información divulgada a los ciudadanos, subrayando que todo lo disponible en cada momento "fue siempre objeto de comunicación".
En cuanto a los contratos firmados con las farmacéuticas, dijo que se hicieron "sin las vacunas aprobadas" y con "riesgo compartido", en los que las empresas se preparaban de antemano para el suministro, sabiendo que éste sólo se produciría tras la luz verde de las autoridades.
Cifras de la pandemia
Tras Rui Ivo, fue escuchada Graça Freitas, que comenzó recordando las cifras de la pandemia para apoyar la evaluación de riesgos y beneficios, destacando que duró 1.150 días y tuvo graves impactos sociales, económicos y sanitarios.
26.655 personas murieron a causa del Covid-19, y "en el pico de los picos" de la pandemia, en enero de 2021, murieron casi 6.000 personas, elucidó.
"Por lo tanto, es bueno ver que, por un lado, teníamos un riesgo que era un riesgo apreciable y no despreciable y que, en algunas circunstancias, este riesgo se agravaba aún más en función de la edad o, por ejemplo, del sexo, es decir, en algunas contraindicaciones o en algunas precauciones, como los fenómenos tromboembólicos, la miocarditis y la pericarditis", explicó Graça Freitas.
Acceso oportuno
Según él, el mecanismo europeo de compra de vacunas permitió a los países, de forma equitativa, obtener un acceso oportuno y suficiente a la que consideró "la mejor y mayor 'arma'" contra la pandemia, que era "absolutamente devastadora" antes de que las vacunas estuvieran disponibles.
Subrayó que las normas técnicas sobre vacunación emitidas por las autoridades fueron "adaptadas, actualizadas y perfeccionadas innumerables veces en función de la epidemiología, las reacciones adversas que se iban notificando", las variantes del virus y las vacunas que se estaban fabricando.
Reconocimiento de imperfecciones
Reconoció que el proceso "no estuvo exento de imperfecciones", pero contó con "una enorme colaboración y cooperación entre organismos e instituciones", algo que no suele ocurrir con la misma intensidad.
Graça Freitas también defendió la necesidad de insistir, en futuras crisis, en que no hay riesgo cero y que "el riesgo de no vacunar no es un acto nulo".
"Esto se le dijo a la gente en el lugar de vacunación; tuvieron la oportunidad de levantarse y marcharse, y se les informó de que si no se vacunaban correrían el riesgo de infectarse, y que la complicación de una infección sería mayor que la complicación esperada de la vacuna", explicó.







