En todos los escenarios, desde la inversión a la innovación, desde las infraestructuras a las ciudades, resuena con fuerza el mismo mensaje: la sostenibilidad ha dejado de ser un objetivo complementario y se ha convertido en la nueva moneda de cambio para valorar los activos inmobiliarios. No es retórica; es estrategia, métrica y capital.

El discurso de Philippe Aghion, Premio Nobel de Economía, cristalizó este cambio con una claridad asombrosa. Aghion destacó las implicaciones críticas para el sector inmobiliario: cómo la innovación y la tecnología son ahora los motores del desarrollo urbano sostenible y resiliente, el papel conjunto y cada vez más interdependiente entre el capital público y privado para acelerar las transiciones ecológica y digital, y cómo las políticas públicas deben evolucionar para aumentar la productividad, reforzar la competitividad y promover un crecimiento regional equilibrado.

La presencia de Aghion refuerza la tradición del MIPIM de traer al debate mundial a algunas de las figuras más relevantes del pensamiento contemporáneo. Entre los nombres que ya han subido al escenario se encuentran François Hollande, ex presidente de Francia; Sanna Marin, ex primera ministra de Finlandia; y Ban KiMoon, ex Secretario General de las Naciones Unidas. La elección de Aghion para la 36ª edición no deja lugar a dudas sobre el enfoque estratégico de este MIPIM: preparar a los líderes para las profundas transformaciones que ya están en marcha.

Créditos: Imagen suministrada; Autor: Paulo Lopes;

Como dijo en el escenario Nicolas Boffi, director de MIPIM, "la presencia de Aghion demuestra nuestro compromiso de ayudar a los líderes del sector a comprender los cambios económicos y tecnológicos que están dando forma a las ciudades y los mercados". También subrayó que su investigación pionera sobre crecimiento e innovación ofrece perspectivas decisivas para inversores, reguladores y profesionales inmobiliarios y especialmente en un momento en el que "la IA está cambiando todo lo que hacemos".

Esta transformación es real y tangible en cada conversación que mantengo aquí. Hoy en día, antes de que nazca un proyecto, la inteligencia artificial ya calcula la huella de carbono, utilizando bases de datos detalladas de los materiales de construcción y su carga medioambiental. Proyectar ya no es solo diseñar edificios; es anticipar riesgos, emisiones, futuros costes de explotación e incluso condiciones de refinanciación.

Sectores enteros como aeropuertos, ferrocarriles, logística, centros alimentarios, centros de datos y muchos otros, se están reconfigurando para reducir drásticamente su huella ambiental, no sólo por convicción, sino por necesidad competitiva. Sin trayectorias claras de descarbonización ni indicadores auditables, muchos activos se enfrentan ya a la devaluación y a un mayor coste del capital.

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Es precisamente en este contexto en el que me enorgullece poder representar aquí también a la multinacional portuguesa Greenvolt Group y a Greenvolt Next, cuya presencia y reconocimiento son cada vez mayores en Europa. La capacidad de estas empresas para ofrecer soluciones integradas, desde energía renovable descentralizada hasta proyectos de descarbonización en los sectores industrial y logístico, se alinea con los requisitos aquí debatidos. Ver que entidades de varios países reconocen el papel de Greenvolt en esta transición refuerza la confianza en el camino que estamos construyendo.

Lo que me llevo de estos dos primeros días en MIPIM es sencillo, pero estructural: ESG no es un departamento; es la nueva arquitectura del valor inmobiliario. Porque los activos sostenibles se refinancian mejor, rinden más y valen más. Y, sobre todo, resisten mejor el futuro.

Como Director General de Casaiberia, y también como representante implicado en la estrategia de Greenvolt, siento que no sólo estamos observando este cambio, sino que estamos participando activamente en él. Y esto, más que una tendencia, es una responsabilidad.